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Estando ya en julio y con la Operación Salida en pleno apogeo -incluso tras los temores da rebrotes y posibles confinamientos nuevos-, la DGT ha adoptado nuevas medidas apoyado por el Gobierno para generar un control más exhaustivo en la red de carreteras durante estos próximos meses. Fernando Grande-Marlaska, el ministro de Interior, junto a Pepe Navarro, el director de la Dirección General de Tráfico, presentaron hace escasos días esta nueva campaña de vigilancia de las carreteras, un proceso que se producirá a lo largo de este verano para evitar que se produzcan más víctimas durante los trayectos.
En la comparecencia, el ministro de Interior relató que los periodos críticos de control de carreteras se afrontan desde la DGT con un profundo incremento a los más de 1.500 sistemas de control habilitados que vigilan las carreteras de todo el país. Son una serie de radares cuyo objetivo principal será hacer frente a las principales causas de accidentes de tráfico, a saber, desde los excesos de velocidad y el consumo de alcohol -las causas más habituales en estas fechas- hasta las distracciones al volante por ir pendiente del teléfono móvil.
Durante este verano tendremos más radares fijos de ellos de tramo instalados y muchos radares móviles ubicados en distintas carreteras de todo el país. Habrá furgonetas, helicópteros, cámaras fijas y drones que vigilarán cada uno de nuestros movimientos para cerciorarse de que conducimos con responsabilidad. Y es aquí donde hacemos hincapié, acerca de estos aparatos tan peculiares y en su funcionamiento.
Ha sido la propia DGT quien compartía un vídeo en el que se podía ver a un dron en acción. Estos pequeños radares voladores, son teledirigidas desde tierra por operadores formados en la conducción de drones, y que son quienes se encargan de monitorizar todo lo que va pasando en las carreteras desde una altura de 120 metros. Los drones van equipados con unas cámaras de alta definición, capaces de ver lo que está sucediendo hasta a siete kilómetros a la redonda.
Tras situar el dron a la distancia de 120 metros de altura, este comienza a analizar cualquier tipo de comportamiento anómalo o sospechoso de los conductores. Si capta una infracción, la graba y la notifica en el acto a un agente de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, con el fin de que pueda detener al infractor inmediatamente después de haber cometido la infracción. Para ello, se hace uso de la malla informática entre los distintos cuerpos policiales.
Las evidencias filmadas y grabadas por el dron podrán ser consultadas de inmediato por los agentes para mostrar dicha prueba al infractor in situ. De esta forma, las aeronaves no tripuladas permiten a los agentes actuar de una forma rápida y eficaz para evitar imprudencias al volante. En el vídeo facilitado por la DGT a modo de prueba, se aprecia como el dron graba a un motorista adelantando a un vehículo en línea continua justo antes de entrar en una curva, un acto más que punible en términos de conducción. Acto seguido, y después de registrar la incidencia, el conductor es detenido por un agente que procede a multarle por su infracción.