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La cantidad de motos en circulación sigue al alza pese a la posibilidad de pueda haber un clima adverso con lluvia, y es que, la pasión por conducir sobre dos ruedas no parece pasar de moda. Es un vehículo que da sensación de libertad durante la conducción y que contempla una gran ventaja a la hora de aparcar, además de agilizar mucho el tránsito por las vías al poder “colarse” por pasillos estrechos de coches durante atascos. Lo cierto es que anteriormente, las motos tenían más su público en la gente joven, un hecho que ha ido cambiando a día de hoy para asentarse sobre personas de mediana edad.
Las motos, según las estadísticas ofrecidas por la Dirección General de Tráfico, son el 15% del parque rodado de hoy en día, copando un 23% de todas las muertes que suceden en las carreteras, un dato medio que varía según en qué territorio se está evaluando, pues Asturias, por ejemplo, ostenta un 37% de víctimas mortales.
La DGT, consciente de este problema en el que un bajo porcentaje de tipos de conductores tienen tan alto baremo de muerte, está desempeñando una serie de medidas para interrumpir dicha sangría, como controlar más de cien tramos de carretera negros.
No obstante, la DGT está promoviendo el uso de una tecnología existente en los coches desde hace mucho ya y que se está recientemente aplicando también en las motos: el airbag. La Guardia Civil ya está en fase de probar varios modelos de airbag, consistente en llevar un chaleco concreto que, en caso de caída, se inflaría para amortiguar el golpe.
De momento, el sistema no es obligatorio ni se plantea que lo sea, entre otras cosas porque no es efectivo al 100% al depender del tipo de caída y el alto coste económico que tiene. Es por ello que, de momento, la DGT está volcada en cumplir con su obligación de tener actualizada las señalizaciones, mantener transitables las vías y ubicar de forma correcta los guardarraíles.
No es ningún secreto que un sector de la industria lleva varios años trabajando en proyectos de aplicar airbags en motoristas, actuando o bien con bolsas de aire bajo el manillar que saltarían en caso de choque frontal, o bien con chalecos que, al detectar un movimiento brusco o caída, se inflarían para amortiguar las lesiones.
Estos chalecos han salido en dos versiones, una que va unida a la propia moto para hincharse nada más el conductor se separe de ella, y otra equipada con sensores que activan el inflado si perciben un movimiento inusual.
Hay que destacar que estos chalecos son de uso obligatorio en las tres categorías del Mundial Moto, Moto y GP, donde se ha podido observar su efectividad en determinados accidentes que hubieron durante carreras como la de Tailandia, donde el piloto Marc Márquez apenas ufrió heridas leves gracias al chaleco.
La problemática de extender su uso en la ciudadanía es el alto precio que tiene, entre 400 y 2.000 euros. Las únicas herramientas para combatir esa alta cuantía sería bajar el IVA impositivo sobre ese artículo o subvencionarlo desde el Gobierno.