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No es la primera vez que se habla de establecer un pasaporte serológico o documento médico que establezca si su portador está inmunizado de la COVID-19 tras haberla pasado, para eximirle así de seguir manteniendo una cuarentena y que, de esa forma, pueda llevar una vida normal que fomente la reactivación de la economía. La idea, sin embargo, se descartó a causa de las muchas dudas que surgieron de la respuesta inmunitaria del coronavirus, pues no se podía establecer una duración fiel de esa inmunidad antes de poder ser contagiado de nuevo.
No obstante, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha revivido esta medida para plantear su implementación entre los ciudadanos de la capital, creando una especie de prueba piloto consistente en que las tarjetas sanitarias de cada individuo notifiquen si esta persona pasó la enfermedad o no. Así, se facilitaría mucho los accesos seguros a gimnasios, museos y cualquier espacio cerrado sabiendo que esa persona es inmune al contagio.
Por contrario, los comités de expertos médicos publicaron en mayo un artículo bastante específico en el que se relataban varias razones por las que rechazar dicho pasaporte inmunitario.
Aún queda mucho por saber acerca de la inmunidad que genera el coronavirus, pues no hay certidumbre alguna aún de si los que han sido afectados por el virus, han generan anticuerpos, además de que estos anticuerpos pueden estar ausentes y ello no indica de forma concisa si es que son inmunes o es que simplemente no están siendo generados al no detectar el patógeno.
También se ha aportado la reciente encuesta pública de seroprevalencia que llevó a cabo el Instituto de Salud Carlos III, concluyendo como el 14% de las personas que generaron anticuerpos contra el coronavirus, los perdieron tras dos meses estando limpios. Y es que, no se conoce a ciencia cierta si alguien que lo haya pasado puede volver a reinfectarse, y de hecho, ha habido casos en los que se produjo esa circunstancia de volver a dar positivo. Está por analizar si es que realmente fue un nuevo contagio o es que no se llegó a eliminar todo el virus del organismo, una duda que aleja la idea de que el citado pasaporte médico sea fiable.
El hecho de basarse en una prueba para saber si alguien está contagiado o no genera un problema de base alto al suceder los falsos positivos, haciendo creer que alguien es inmune cuando realmente no lo es.
Además, no queda claro cada cuánto tiempo se debería realizar dichas pruebas para ostentar un valor fiable que no genere dudas.
En cuestión de leyes, se produce un vacío en lo relativo a la posible discriminación, transgresión de la protección de datos y el derecho a la intimidad de cada persona, pues tener que identificarse para saber si se es inmune al COVID-19 implica que el empleado en cuestión que te atienda, va a conocer esos datos.
Además, se plantea que esto podría desembocar en puntos más graves al relacionar datos tan sensibles, como discriminar a la hora de ofrecer determinado trabajo si se es inmune o no, así como limitar el derecho de admisión a un local según su seroprevalencia.
Aunque es algo rebuscado, se puede dar el caso que surja determinado público que busque contagiarse de forma intencionada para poder acceder a esos favores sociales. Así, no serían pocos los jóvenes que, ansiosos por querer ir a una discoteca, busquen tener marcado su pasaporte sanitario como contagiados e inmunes, o algo mucho peor -como se señaló antes- que las empresas comiencen a solicitar este pasaporte para la contratación.