Noticias e información sobre cita previa.
Hace unos días, la empresa Moderna ubicada en EE UU proclamó que la vacuna que tienen en la última fase de desarrollo para combatir el COVID-19, posee una eficacia demostrada del 94,5%, un índice que incluso supera el 90% que ostenta Pfizer.
Actualmente, Moderna está testeando su vacuna sobre 30.000 estadounidenses, de los que solo la mitad ha sido inyectada con la solución mientras que el resto fue inoculado con una solución salina. Aunque aún es pronto para evaluar una norma, los primeros resultados devuelven que, de esos 30.000 individuos, solo 95 sufrieron una infección del coronavirus patente, siendo 90 de ellas del grupo que recibió el placebo salino. El dato más relevante es que solo 11 padecieron síntomas graves, estando todas ellas en el grupo sin vacunar, lo que implica que -de alguna forma- la vacuna parece estar blindando a sus huéspedes.
La vacuna de Moderna, al igual que la de Pfizer, requiere de dos dosis que se deben inyectar en un periodo de 28 días. El coste por cada dosis es de 21 euros, al menos en Estados Unidos. En las próximas semanas, la empresa dará el salto para poder distribuir su solución a los casos más extremos y graves que sufren el coronavirus, estableciendo una orden de fabricación de 20 millones de dosis, adecuándose al plan de sintetizar unos 1.000 millones de dosis en el año 2021.
El total que lleva invertido la empresa se estima en 2.000 millones de dólares. La empresa, además, ha afirmado que ya tienen dos cadenas de suministro pactadas para proceder con la inminente distribución (cuestión de meses), siendo una para EE UU y otra para Europa, esta última ubicada en Madrid (laboratorios Rovi).
Según los primeros estudios, los síntomas que han destacado tras ser vacunado son:
Los síntomas reflejados son afines a los que una vacuna contra la gripe común generaría, según señala el ejecutivo de Moderna, por lo que no hay ningún efecto secundario más allá.
El hito más importante que Moderna ha proclamado acerca de su vacuna es que puede aguantar hasta cuatro semanas bajo temperaturas de entre 2 y 8 grados, esto es, que puede estar en una nevera normal y corriente sin perder sus características durante 30 días.
Tal habilidad abre muchas facilidades en lo que respecta a su distribución y almacenamiento, pues no se requerirá que los centros de salud y hospitales tengan que adquirir frigoríficos especiales de bajas temperaturas. Además, se podrá llevar con suma facilidad a pueblos y zonas menos concurridos donde hay menores infraestructuras.
Lo más curioso de esta vacuna es que, a diferencia de lo tradicional, no está sintetizada con virus atenuados que inyectan al organismo para que se fabriquen anticuerpos de forma voraz. El método que se ha seguido es recrear el virus a partir de su ARN, haciendo que sea el propio cuerpo el que sintetice unas proteínas inofensivas del virus que combatirá de forma instantánea y de forma natural.
Tal hecho hace que el precio de la vacuna se encarezca (21 euros por dosis, y se debe administrar dos) aunque, según las pesquisas extraídas de los primeros análisis, los resultados son muy positivos y muy poco invasores, pues la persona realmente nunca llega a infectarse con el coronavirus.
El informe de resultados preliminares ha sido elaborado por un comité independiente, quien volverá a analizar cuando suceda otros 150 contagios entre los participantes. Tras dos meses de valoración e investigación de resultados, generarán una evaluación estadística que confirmará o refutará su validez final, aunque todo hace pensar que el éxito está asegurado.