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Se ha hecho público el análisis de beneficiarios adheridos al sistema de jubilación en estos últimos seis meses, y el dato está siendo bastante significativo e -incluso- inaudito. La tendencia denotada estas últimas décadas ha sido que cada vez hay más jubilados inscritos en la Seguridad Social, un hecho que ahora se ha visto quebrado con 27.600 prestaciones públicas de menos, un descenso que merece la pena ser examinado con detenimiento y extrapolarlo con el paso de la pandemia del COVID-19.
Además, hay que destacar que en el mes de julio hubo lo que supone el mayor incremento de jubilados de los últimos años, con 49.500 pensionistas nuevos inscritos en el sistema, esto es, un incremento del 7% en relación a julio del 2019. Ese dato tan abultado y récord, sin embargo, no parece estar afectando al pronunciado descenso observado en el cómputo general.
La subida del número de jubilados se achaca esencialmente al 12% de ascenso que se experimentó con las altas relativas tanto a los jubilados como a los viudos, resultando en un acumulado de 294.000 nuevas altas desde principio de año hasta julio, un valor que, si bien parece alto, es un 15% inferior al recabado de 2019.
Al bajón en las altas nuevas se suma el incremento sustancial habido en las bajas, estas últimas mucho más numerosas que en los años anteriores. De hecho, el resultado es muy concluyente, pues en lo que va de año se ha dado de baja 318.000 pensionistas, esto es, un 13% por encima del 2019 para el mismo periodo.
Donde más se ha circunscrito un incremento ha sido en lo relativo a las prestaciones por viudedad, que ascienden a un 16,5%, justo por delante del 14% de las de jubilación. El resumen es bien claro: hay muchas más bajas que altas, desembocando en que la balanza mueva su fiel hacia un saldo neto negativo que concluye en 24.000 pensiones de menos en tan solo los primeros seis meses del 2020.
Desde el ministerio de Inclusión y Seguridad Social lo tienen bastante claro. La desorbitada variación de los datos que se están analizando se debe a la pandemia del coronavirus, pues durante el estado de alarma las oficinas administrativas estuvieron cerradas, un hecho que hizo que muchos ancianos postergasen sus solicitudes al no saber hacerlas de forma telemática.
Otra razón valorada que no hay que obviar es el azote que ha tenido la pandemia del COVID-19 provocando fallecimientos en la población, más en concreto en aquellos comprendidos en un rango de edad alta. De hecho, aproximadamente 29.000 personas han fenecido debido al coronavirus en España, siendo un altísimo porcentaje de ese número personas de edad avanzada, un porcentaje que -casualmente- coincide bastante con el número de pensionistas perdidos.
La Seguridad Social abonó en agosto, un total de 9.777.556 pensiones contributivas, o lo que es lo mismo, 10.506 prestaciones más que en el mes de julio.