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El estado de la COVID-19 en España actualmente, tras haber transcurrido ya cuarenta días del fin del confinamiento, comienza a ser preocupante tanto para los ciudadanos españoles como los países de fuera, pues en este corto periodo de la bautizada como “nueva normalidad”, en España se han infectado 42.018 personas, un dato que resulta altísimo si lo comparamos con los 8.659 de Italia, un país que estaba mucho peor en cuestión de contagios.
Lo que se desprende de estos resultados es que el desconfinamiento italiano ha seguido un camino muy próspero mientras que el español ha naufragado. En una semana llegaremos a los 300.000 casos, y si no se detiene el ascenso, en otoño tocaremos los 400.000 casos.
La problemática de analizar todos estos datos se hace también problemática para los organismos, y es que, el Ministerio de Sanidad remite una información escasa, tardía y no real, algo que difiere mucho con lo que el país vecino hace con una transparencia absoluta, anunciando cada 24 horas cuántas personas se encuentran ingresadas en la UCI o en un hospital, además de publicar cuántas están cumpliendo cuarentena en sus domicilios, unos datos que en España no se publican o, si se hace, son de varios días de retraso y muy imprecisos según las diferencias entre lo presentado y lo que dicen las comunidades autónomas.
Además, los fines de semana no se publica absolutamente nada relativo a los contagios. Se espera hasta el lunes para retomar esos datos, un hecho que provoca estancamientos en el seguimiento.
La realidad que nos encontramos es que el Instituto Nacional de Estadística y el Registro Civil, científicos del Carlos III, y los informes de las funerarias y los cementerios aproximan la cifra de defunciones por COVID-19 a los 50.000, mientras que el ministerio sostiene de forma oficial que son 28.500 las defunciones por dicha enfermedad, una diferencia demasiado grande que hace pensar que algo está fallando.
Además, se está juntando las recientes declaraciones del propio Gobierno en el que se esgrimía que no existía esa comisión de expertos al que tantas veces se recurrió desde el Gobierno para afrontar las medidas contra la pandemia. Las alarmas que ha suscitado este hecho son evidentes, pues se concluye que todas esas medidas sanitarias que se fueron implantando se fueron gestionando en pequeños grupos gubernamentales de ministros y consejeros que quizás no tienen la preparación suficiente como para poder afrontar este tipo de pandemias.
La población alberga el sentimiento de que hemos ido a rebufo de lo que otros países iban haciendo. Muchos expertos afirman con rotundidad que el confinamiento llegó tarde a nuestro país, el día 15 de marzo, mientras que en países como Italia se hizo el día 10. Esos cinco días, que aparentemente son pocos, cuadriplicaron el número de contagiados habidos por entonces. Recordemos que esos días previos al decreto de estado de alarma, los contagios estaban al 30,8% el día 10, 33.8% el día 11, 37,9% el 12, 43,3% el 13 y 47,8% el sábado 14, último día antes del confinamiento.
El ritmo de contagio no perdonó y subimos por encima de la tasa habida por Italia el 26 de marzo, con un número de contagiados por millón de habitantes mucho más alto. El 2 de abril, el número de contagiados de aquí ya era superior, teniendo presente que la población de España es de 47 millones de personas mientras que la de Italia es de 61 millones.
Los datos actuales son bastante concluyentes al respecto, pues el pasado viernes, Italia mantenía una tasa de contagio del 0,10%, mientras que España está en el 1,08%. El número total de contagiados asciende ya a 288.522 en España por los 247.158 en Italia, aunque tras este sábado, domingo y lunes, posiblemente estemos rozando ya los 300.000.
Tanto el Gobierno como el Ministerio adherido de sanidad son conscientes de este hecho y saben que se debe detener esta curva ascendente lo antes posible, pues se abre paso la amenaza de una nuevo confinamiento en España.